San José adquiere, cada año, una cara particular en la época seca (verano le llaman algunos, supongo que es porque suena más bonito). De pronto las tardes soleadas se llenan de gente que busca cultura, arte, movimiento, colores, sonidos y otros estímulos para el alma y el cerebro. Fue así como el mes pasado, San José adquirió cara de Audiovisual Centroamericano Joven con muchas ideas y ganas de mostrarse.
Desde el 10 hasta el 16 de febrero cientos nos dimos cita en el CENAC para ver qué nos tenían que decir los jóvenes realizadores del Istmo a través del lente y la pantalla, acerca de la percepción que tiene cada uno sobre las realidades en sus países y visiones de la vida, pues lo que antes fue una Muestra de Video Joven se realizó como Festival Centroamericano por primera vez.
El domingo del estreno me recibieron los beats punchis punchis de la móvil de una radio que patrocinaba el evento. Como era de esperar la asistencia tempranera y ansiosa se dejó ver en buena cantidad. Una vez ya instalado en mi “butaca” (los organizadores insistían en recordarnos a los asistentes que nos sintiéramos como en un cine al aire libre) y después de -para mi gusto- una complicada logística de ubicación en los asientos, solo faltaba esperar paciente y aguantando el frío endemoniado.
Y porqué 240?
La 240 se bautiza en honor al número de líneas de resolución del VHS, el formato de vídeo más básico.
Fuera luces y empieza la función. Jingles de patrocinadores, agradecimientos, logos, discursos y demás formalidades transcurren hasta que llegamos por fin a la esperada carnita, no sin antes vencer un par de contratiempos técnicos serios que amenazaron con traerse abajo el estreno. Al fin llegó un mini documental sobre cómo fue el proceso creativo de los jóvenes involucrados en lo que la producción llamó La Olla de Presión, un experimento en el que varios realizadores, uno de cada país del Istmo, debían producir un corto en siete días.
Por supuesto que después de los besos, abrazos y felicitaciones teníamos que ver al hijo de La Olla. Luego de presenciar el resultado de tal experimento quedan las ganas de ver que pasará en una Olla de presión II.
Ahora sí, a lo que vinimos. Empiezan a desfilar en la pantalla, uno a uno, los cortos participantes de la noche. Hay de todo: documentales, videocreaciones, ficciones, videos musicales... una oferta que se repetiría los días siguientes del Festival.
Termina el domingo con un estreno realmente exitoso, mucha asistencia, una buena selección y gran calidad en la mayoría de cortos (cabe mencionar que dos de los mostrados esa noche resultaron ganadores en la premiación).
Para ser honesto, el lunes, martes y miércoles transcurrieron sin pena ni gloria, con audiovisuales que me hacían cuestionar como habrían pasado la preselección. Y no solo porque yo lo pensara así, era el pensar y sentir del público (de paso muy poco) que se dió cita esas tres noches.
Ya para el jueves la cosa cambió. Días antes con programa en mano se sabía que iba a ser uno de los mejores días del Festival… y en efecto, así fue. La calidad de los cortos de esa noche fue la mejor, hasta las videocreaciones atraparon la atención de la buena cantidad de gente que se dejó llegar. Había emoción y ganas de ver.
El viernes, por suerte, el nivel no bajó y el Festival terminó con la frente en alto.
Compartir en MySpace 