Edición #6 - Macho, ¡Un Chamangüaste!

Macho, ¡Un Chamangüaste!

por Carlos Rodriguez

Sírvase uno amigo bimbero; chamanguaste, cuatro plumas, embellecedor, tapistrike, mechazo, mieloso… el mismo que alivió el dolor de rodilla de mi abuela y calentó a los valientes combatientes del 48 del ingrato frío del Cerro de la Muerte aquí en su casa; el bar “Danubio Azul” –hoy conocido como El Kamakiri- atendido por generaciones de esta noble familia Chinchilla en la pintoresca zona de Los Santos. También hay buen fresco de mora por si no le gusta el jaibol.

“-Cuente una anécdota-” me pidieron al recibir esta singular invitación. Inmediatamente me remití a La Bimba para estudiar la sección y lo único que pude determinar es que al parecer se trata de algún ejercicio paranoico-crítico con tintes motivacionales; así que trataré de mantenerme en esa difusa línea establecida previamente por otros patas vueltas.

Me considero un fanático del conocimiento popular; y ha sido aquí detrás de la casi centenaria barra de mi querido Danubio Azul donde he escuchado y aprendido la más extraordinarias lecciones de vida en boca de los más lúdicos, socarrones, contradictorios, histriónicos, audaces, sorprendentes y tapis pero siempre lúcidos tipos del pueblo, quienes han abarcado los temas más sublimes de la existencia tales como cual es el mejor método para clavar un clavo utilizando su propia grasa capilar, hasta como inseminar exitosamente una vaca; enseñanza que tiempo después tuve que traer a colación a mi memoria mientras sentía asombrado en mi brazo los movimientos peristálticos uterinos de aquella evidentemente incómoda amiga bovina.

Nunca fui un bailarín, no sé bailar; lo cual en esta zona rural del país es un hecho inconcebible tomando en cuenta que hasta los bingos son bailables; pero esto en realidad nunca me ha importado lo suficiente como para no poder dormir, pero sí me ha hecho pasar por suficientes momentos de impotencia, frustración e incluso chantaje con aquella frase de “Tranquilo, yo tampoco” cuando del cuarto de aquella chica colgaban doradas preseas obtenidas en la pista de baile.

Algo tan natural como estrechar una mano se convierte aquí en un asunto de reflexión; la mayor parte de los hombres recogen moras de las silvestres y espinosas plantas de la montaña lo que han convertido sus manos en ásperas callosidades, mientras que las incansables mujeres se encargan del ordeño y desarrollan asombrosas capacidades constrictivas a la hora de “chocarla”; creo que estos dos fenómenos inciden directamente en que el estilo de baile de la zona sea más concho que un felpudo de chapas; lo que obliga al bailador a saber bailar a profundidad para sostener ese nivel. Este hecho constituye mi motor de inspiración para escribir estas líneas.

Me he preocupado por ser lo más autosuficiente posible y he tratado de acuñar el viejo adagio de “hay que saber hacer de todo” lo que me ha llevado a realizar algunos actos –algunos casi disparates- que incluyen desde aprender a hacer mi propio patty (¡Qué parida con la masa! ¡Yo al menos cobraría 2 rojos por cada empanada!), probar suerte como agricultor de subsistencia -malditas plagas-, pintar el techo de mi casa o derrumbar paredes ante la mirada incrédula de mi madre, hasta algunas visitas a El Globo y al Chic de Paris para comprar metros de tela, botones y zippers para luego ponerle lindo con los patrones y la máquina de coser y ensamblar unos jeans. Pero hoy quisiera compartir con usted una anécdota muy hermosa de esta tierra que espero le guste tanto como a mí.

Es la historia de Gumercindo cc. Chindo; un humilde panguero que se había dedicado toda su vida a transportar las personas del pueblo de un lado al otro del caudaloso rio Pedregoso. Un día cruzó el rio con el cura del pueblo y esto fue lo que sucedió:

-Chindo: ¿Padrecito, que lee con tanta atención?

-Cura: -La Biblia hijo mío- ¿La has leído alguna vez?

-Chindo: No, no sé leer padre.

-Cura: -Hijo mío, ¡has perdido la mitad de tu vida por no saber leer!-

Chindo pensó un momento.

-Chindo: ¿Padre, usted sabe nadar?

-Cura: -No hijo mío, no sé nadar-

-Chindo: ¡Padre, ha perdido usted su vida entera por no saber nadar!

…y Chindo volcó la panga.

Yo le pregunto, estimado lector; ¿Cuánta vida ha perdido usted por no saber bimbear?

mostrar 3 comentarios  | debe loggearse para comentar

Participe


La bimba se encuentra en busca constante de colaboradores, modelos, escritores, artistas, cómicos, dibujantes, diseñadores y patasvueltas, contáctenos no más.

Anuncios


- Er... manos.
- Sin calendario por cuestiones técnico-lógicas :(
- Por ahí andan fotos de la fiestilla?
- Alguien con Twitter? Agréguenos!
- Foro para colaboradores e interesados.

Cosas Internetezcas


  • subscribirse a rss subscribirse a rss
  • Bookmark en Del.icio.us agregar a del.icio.us
  • Compartir en Facebook
  • Post to MySpace! Compartir en MySpace

ediciones | secciones | contacto | creditos