Porque no sabemos escribir solos y mucho menos acompañados, vamos a imitar (ya sé lo que van a decir: “es de mal gusto hacer estas comparaciones”, pero ¡bueno!) a dos famosos directores de cine, dicho sea de paso, de mis favoritos: Robert Rodríguez y Quentin Tarantino. Similar a estos grandes artistas, vamos a hacer un solo artículo mita y mita, el famoso Toño (Pizote) y yo.
Janc’z dice:
Hay bares de bares. Ninguno será perfecto para uno, a menos de que seás el dueño del lugar (y fijo de vez en cuando llega un buen muchacho con alguna idea para mejorar el mismo). Cuando decidí hacer este reportaje pensé “Hey, ¡qué bueno! Ir a hacer reviews sobre bares, nada malo puede haber en eso” Qué equivocado estaba.
Shakespeare (el bar, no el escritor y dramaturgo) está localizado contiguo al cine Sala Garbo, en San José centro. El lugar es pequeño, realmente pequeño, pero con unos toques modernistas medio industriales que hacen que se vea bastante bien y diferente. Algunos cuadros chainean las paredes con muy buen gusto y sus diferentes niveles hacen que, de primera entrada, de gusto haber ido ahí.
Para dar el beneficio de la duda, diremos que ese día había un evento en particular y la gente abarrotó el lugar por tal motivo. No eran mil personas, ni cientas, pero el primero que entró al lugar estaba hecho un uno con la barra, completamente embebido en ella, casi como si el ebanista lo hubiera tallado ahí, con todo y la cara de horror al no saber lo que pasa.
- Mae Toño, siento que no veo bien. ¿Será que ya estoy tapis? ¡Qué raro! Bueno, hoy salí barato.
- Mae Piti, no sé, yo como que estoy igual. Couf, couf. Y me cuesta respirar.
- Mae, tengo una idea, voy a fumar, eso cura todo.- El mae prende un cigarro.
- ¡No se ve el humo del cigarro!
- ¡Y mae! Cierto.
Resulta que luego de semejante experimento, totalmente premeditado y digno de un premio Nobel, descubrimos que el lugar no tiene más ventilación que la puerta de entrada, que además estaba completamente tapada por el mar de gente que intentaba inútilmente –como moléculas en un ladrillo- despegarse unos de otros y moverse en direcciones opuestas.
Para colmo de males, cada vez que iba a la barra había una decena más de personas, esperando ser atendidas por alguno de los 2 bartenders y generalmente, uno de los 2 estaba cargando birras en el congelador. Al fin, el mae se desocupó justo delante de mí y pude pedir alguito. Cuando trajo la bebida, hicimos trueque en un milisegundo, utilizando sólo una mano, con la cual yo le di mi tarjeta mientras el depositaba el vaso. Pero no contaba con que…
- Mae, -con la tarjeta en la mano y cara de pocos amigos- no le puedo pasar esto.
- Di, ¿por qué?
- Es que no tengo como conectar la máquina.
- …- Juro que no entendía.
- Es que la vara de pasar la tarjeta es de 3 picos y ¡diay! El toma sólo de 2.
-…- No andaba efectivo. Y ahora, menos que podía creer qué estaba pasando.
Luego de carterear a alguien, que en el molote es bien fácil (a la persona que perdió billetera en Shakespeare, tengo cédula y fotos de la chick, contactarme), y hablar con Toño, decidimos irnos. No había sido la noche esperada, ni siquiera habíamos podido disfrutar bien del lugar.
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