¡Un, dos, tres, queso!
La pizza es eso: una excusa para poner todo lo rico sobre un pedazo de pan y comer hasta caer para atrás. En esto creo que estamos de acuerdo, y que a la gran mayoría el queso nos gusta muchísimo. Comer pizza es un asunto que va más allá de sentarse a cenar: es interacción social y amistad. Uno no va a comer pizza con cualquier persona: uno come pizza con los amigos, porque hacerlo toma una buena porción de la noche en la que aprovechamos para ponernos al día y ponernos unas cervezas pre-bar-después-de-comer. Y esto del tiempo que uno demora comiendo pizza, también se las trae... Primero porque hay un cierto elitismo “especialista” de los restaurantes –que no son de comida rápida- en los que venden pizza. Hacernos creer que no cualquiera puede preparar una pizza es parte del negocio de ciertos restaurantes italianos que se dejan cada mes buena parte de nuestros salarios. Pero hay algo más: cuando estamos en un restaurante en el que solo hay un horno al que le caben 3 bandejas, tenemos que esperar mucho rato para que nuestra orden llegue a la mesa. Mientras tanto, vamos a estar gastando el resto de nuestro salario en cervezas y antipastos que se ofrecen a precios ridículamente altos en los restaurantes de la ciudad.
Sirva todo lo anterior para justificar por qué pienso que cuando les diga que uno puede preparar en su propia casa la pizza más rica del mundo en tal solo 30 minutos, nadie me va a creer. A mí me pasaba también, sobre todo cuando la modalidad de restaurante de cocina abierta entró al país y uno podía contemplar a los maestros pizzeros levantando la pasta hasta el cielo y dándole su forma redondeada con agilidad y precisión. ¿Cuántos años de práctica se necesitarán? Pensaba yo... Y esa es la parte más importante del marketing de los restaurantes, convencernos hasta el cansancio de que pizzear es imposible para un humilde mortal.
Pero después uno se da cuenta de que esos giros elegantes no son los que le dan el buen sabor a una pizza, y que una buena receta vale más que la agilidad de un mago. Sin más, recomiendo esta, cortesía de doña Furia, mi mamá.
Para la pasta (dos bandejas, 8 rebanadas por bandeja, 4 personas)
- 1 taza de agua tibia
- 2 cucharadas de levadura instantánea
- 2 tazas de harina
- 1 pizca de sal
- 1 pizca de azúcar
Revolver la harina, la levadura, el azúcar y la sal en un bowl. Ir agregando el agua lentamente, amasando con fuerza. Al principio uno piensa que el agua no le va a alcanzar, pero más bien puede que sobre. Cuando forme una bola de pasta que no se le pegue en los dedos, cúbrala con un paño húmedo y déjela por ahí mientras prepara el resto de los ingredientes.


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naty @ Thu Sep 25 11:58:13 -0500 2008
Furia siempre haciéndome playadas, qué rajado rica se ve esa pizza :(