Hoy vengo a hablarle de algo que posiblemente usted se haya preguntado alguna vez; ¿dónde voy a estar yo cuando tenga 30 años? Si bien ésta no es una gran pregunta ya que seguramente se preguntó algo parecido cuando estrenó la cédula, en medio de la crisis existencial de los 25 y se lo preguntará poco antes de pensionarse; el atractivo de la pregunta no radica en su propia respuesta; si no, en que constituye una oda a la presión social a la que inevitablemente uno se verá expuesto.
Recorrer su país y también conocer los goces de Europa, comer larvas de escarabajos en el Amazonas, asolearse la nalgas en Mónaco, recorrer las sabanas africanas, fundar su propia empresa y ser jefe, casarse, escribir un libro o meditar chingo con Los Guerreros del Arco Iris de la Luz Viviente en una finca en Coto Brus; son muchas de las tonterías que he escuchado que se deberían hacer antes de haber alcanzado esa edad.
Pero no vengo a hablarle de que debería o no hacer usted; si no a comentarle algo que definitivamente yo no me esperaba que sucediera y posiblemente usted tampoco esperaría. Se trata del fenómeno de la sobrecalificación. No me importa que piense que soy vanidoso o me crea la última chupada de mango, tarde o temprano seguramente usted también lo vivirá. He discutido esto últimamente con alguna gente contemporánea y de mayor edad y me di cuenta la gran aceptación que ha tenido esta incipiente hipótesis y lo común que resulta dentro de los individuos de la llamada generación “X” que somos los treintones de hoy en día.
Al escuchar el término sobrecalificación inmediatamente se asocia al ámbito laboral. Siendo Costa Rica el país con más baja tasa de desempleo en Latinoamérica para este 2008 no debería estarme preocupando de eso; pero no le vengo a hablar de trabajo; si no que es una sobrecalificación “aparente” (¡qué bueno que en las noticias siempre encuentran aparente marihuana, aparente arma homicida, aparente ladrón, aparente occiso etc..!) extrapolada a varios ámbitos de su vida cotidiana y que aparentemente lo convierten a usted amigo y amiga en un gran carajo o mucha muchacha a esta edad.
Los 20's se constituyen entonces en una aparente carrera de pequeños y grandes logros que determinarán su existencia posterior; algo así como su pequeña galeta de triunfos y fracasos, unos más atenuados que otros; muchas veces adornados por la felicidad y orgullo o teñidos de franca frustración. Fue en los veintes donde terminó el bachillerato por madurez, estudió de noche o inició la universidad, realizó una amplia carrera de “asistencia”: asistente de contabilidad, asistente legal, asistente de misceláneo, asistente de pulpero; en realidad cualquier cosa que involucre no tener un empleo con autonomía propia; luego consiguió un trabajo “en su vara” donde se convirtió en chivo expiatorio de sus experimentados compañeros; tenía que hacer las labores que nadie quería hacer y sufrió en carne propia el equivalente a ser un mostacilla en la escuela.
Hoy unos 10 años luego de iniciar su carrera laboral, es usted un carajo o una muchacha de experiencia, tal vez con uno o varios títulos bajo el brazo; que goza de credibilidad y sobretodo de aplomo, sin miedo a enfrentar retos o decir las cosas como son y con la suficiente capacitación y conocimiento para solucionar cualquier problema, manejar el cliente mas difícil y ser un orgullo para su jefe que seguramente le dará un bono de $100 por su gran desempeño; luego de hundirle su cara en mierda pura por 5 años.
En el amor; ahora que circula el famoso correo de los kilómetros de “miembro” recibido o dado, es usted un carajo o una muchacha con un odómetro que indica un alto recorrido y que posiblemente debería pensar en un cambio de rótulas de suspensión y cuidado si no, en un overhaul completo.
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Gabs @ Tue Nov 25 11:21:41 -0600 2008
Te la jugaste bonito al explicar lo que pasa en "esa edad"... lo malo es que yo no he llegado ahí y de igual forma me identifiqué montones. Naiz.