Juan comenzó su vida en algún momento de su gestación, no se sabe que piensa uno metido en el útero pero se especula que ese es el verdadero estado de total y completa ambrosía. No sé ustedes pero yo me ahorcaría con el cordón umbilical del aburrimiento. Así como especulan ellos puedo especular yo, para mí el pequeño Juancito no es feliz dentro del vientre y quiere salir porque cree que afuera está la felicidad. Claro que cuando sale y se encuentra con un señor en bata que lo agarra a nalgadas y una doña sudorosa que solo apachurrarlo, Juancito empieza a buscar el próximo objetivo.
Los primeros años de Juancito son cíclicos, quiere comer, dormir y jugar, mientras no lo esté haciendo es miserable, mientras lo esté haciendo está contento. Estos años son simples y llenos de fantasía y helado de chocolate, lo que Juan no sabe es que esto es lo más cerca que va a estar de la verdadera felicidad.
Años después Juancito ya no quiere que le digan así, está pasando por el holocausto hormonal que llaman "adolescencia" (lo cual es un montón de drama innecesario, pero tampoco me voy a meter en eso hoy). Al llegar a la adolescencia las metas de Juan cambian, a corto plazo solo le interesan las compañeras del cole y tal vez la fiesta dependiendo de su nivel de rebeldía. A largo plazo Juan quiere terminar sus estudios para irse de la casa y alcanzar su independencia. De nuevo, Juan cree que al alcanzar estas metas va a lograr la felicidad.
Pasa el tiempo, Juan ya es todo un hombre y alcanzó sus metas de adolescente, pero no es suficiente. Pasa sus días trabajando para conseguir dinero con el que supuestamente comprará la felicidad, pero cuando consigue dinero quiere más porque no le alcanza para comprar cosas más caras y por ende mejores. Un día se le ocurre a Juan que lo que le falta no es mas dinero, sino una relación duradera, el también mítico "amor verdadero" (a riesgo de sonar repetitivo, otro mito popular que trataré otro día). Después de un tiempo Juan encuentra una mujer (o un hombre) que soporte sus caprichos y que él sea capaz de soportar los de ella, son novios, se casan y empiezan una joven familia. Adivinen qué? no es suficiente.
Don Juan Fulano se hace viejo, espera que los nietos le ayuden a obtener la felicidad de una vez por todas. Iluso, no aprende. Un buen día (no tan bueno para el la verdad) Juan muere, pasó su vida esperando la felicidad que nos prometen los cuentos y aunque tuvo pequeños bocados, nunca tuvo el plato fuerte. Juan murió insatisfecho.
Que podemos aprender de esta historia sobre un estereotípico fulano de clase media? Podemos concluir que, la felicidad absoluta es inalcanzable.
Pero dirá usted, no es esto horrible? si la felicidad no existe para que vivir? Preguntas válidas, para las cuales la respuesta tal vez no es la más intuitiva. El secreto de la felicidad es que la felicidad no existe en la forma que la buscamos, y la clave para no ser miserable es aceptarlo y conformarse. Así es queridos lectores, la clave de la felicidad, o mejor dicho la no-miseria, es la mediocridad.
No digo que hay que dejarlo todo botado y ser un vagabundo sedentario toda la vida, pero he llegado a la conclusión de que aceptar la imposibilidad de la felicidad es una experiencia liberadora y que revela algo que mucha gente no toma en cuenta: la vida no se trata de cumplir las metas y aguantarse el día a día mientras tanto con la esperanza de que después de realizar “x” cosa todo sea mejor. La vida se trata de aprender a disfrutar la monotonía diaria y convertirla en una experiencia nueva y más interesante. Eso sonó como uno de esos carteles motivacionales que venden en las tiendas de tarjetas de felicitación, pero en el fondo es cierto. Al final el punto es, como lo dirían los entendidos del inglés, enjoy the ride!
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azuola04 @ Sat Sep 01 18:38:43 -0500 2007
Dem bueno, dem cierto, que rajado!!!