Siendo Don Cella

  • Hombres: ¿Alguna vez han soñado con ser mujeres? Nótese que dije soñado, no querido ser, transformado en, ni vestido de. Hablo de realmente soñar, del verbo lo que uno hace cuando duerme. Bueno, yo sí.

    Entre la mescolanza yo no era realmente mujer, pero sí veía todo lo que ésta hacía y todo lo que pensaba dentro de su camara cerebral. Ya sé, ustedes pensarán que los pensamientos no se ven, pero estando dentro de la cabeza de alguien es todo lo que se ve.

    Sin más ni menos, el relato:

    Entre las sábanas me revuelvo, me siento algo desnudo. “Tengo que levantarme para ir a trabajar” pienso “qué pereza, no lo voy a lograr”. Sin más, me levanto de una vez y me extraño de mi comportamiento. “Qué raro, nunca logro levantarme de una… “¡¡¡¡#$”#$!!!! ¿Qué es esto? Tengo… ¡pechos! Pero ¿por qué? Ah! ¿Qué importa? Están bonitos”.

    Me levanto de la cama y camino hacia el baño, donde el espejo me devuelve una forma algo diferente (¡Totalmente diferente!) a lo que yo esperaba. Y veo que, la verdad, no estoy nada mal. De hecho, antes tenía pelos en todos lados, panza birrera y poca estatura; ahora… mae, si no estuviera dentro de mi cabeza yo mismo me ligaría.

    Luego de un –delicioso- baño, exfoliantes, shampoo, acondicionador 1, acondicionador 2, crema exfoliante de la otra, etc; por 45 minutos, bajé a la cocina en donde di media vuelta y no comí nada. Luego di media vuelta más al darme cuenta de que en realidad todo lo que necesitaba era una barra de chocolate.

    Fuí a un día aburrido de trabajo que obviamente mi subconsciente, muy concientemente, omitió del sueño. Nadie quiere ver esas cosas, no es una película de terror. Sin embargo salgo del recinto laboral con algo de confusión: me siento bien pues hoy mi minifalda logró que todos me volvieran a ver y dijeran vulgaridades a mis espaldas, sin embargo me siento mal pues creo q algunas de las otras muchachas se sintieron mal… “¡ah! esas son todas unas zorras” ¡ya me siento mejor!

    En la noche decido ir a un bar, sola, a probar suerte. Cuando llegué al bar iba preparado a sacar la billetera de cuero “Tony Hilfinger” y el llavero con el símbolo de BMW y ponerlos ambos sobre la barra. Pero no, eso no pasó. En cambio me senté sobre la silla y cuidadosamente cruce la pierna mientras me desabrochaba un botón del escote, simulando que tenía calor.

    No pasaron 2 minutos y ya tenía suficientes tragos como para embriagarme una semana entera y una lista aparentemente interminable de perdedores como para llenar hasta la cajuela de cada Hyundai “arreglado” que haya en el mundo. Simplemente no lo podía creer, ¡era el paraíso! Tragos gratis, gente que me vuelve a ver, gente que quiere tener relaciones sexuales conmigo porque estoy rica y nada más por eso sin que piensen en volverme a buscar ni llamar nunca más después de mañana! ¿Qué estáz ezperando tía? ¡A por elloz!

    Pero no, simplemente me quedé en la barra, me tomé la cuarta parte de los tragos, hablé con los maes un poco más decentes y enjaché a un par de viejas que me “vieron feo”. Luego jalé sola… ¡SOLA! Yo sé que al rato el tener que coger con un mae estando en la cabeza de una mujer no debe ser de las experiencias más placenteras del mundo, pero por Dios ¡Lo que hubiera aprendido sobre lo que piensan las mujeres durante dicha actividad!

    Llegué a casa tal y como salí del bar: sola (que necio, yo sé, pero es que no me lo creo aún…). Luego de convencerme a mí mismo que ese sonido abdominal no era más que ganas de dormir en vez de hambre y comerme otra barra de chocolate sólo “por si las moscas”, al baño de nuevo.

    No sabía, Dios mío juro que no sabía, que tener que quitarse todo lo que me puse en la mañana era aún más tedioso y aburrido que ponérselo en la mañana. Sombras de los ojos, rímel, base, delineador, limpiarse la cara con pañitos, enjuagar con exfoliante, untarse crema, esperar de 10 a 15 minutos a que actúe, quitarse la crema, etc, etc, etc. De fijo no podría ser mujer, o sería de las que salen al natural.

    Luego, a dormir… y entre pensamientos sobre como alguien tan linda como yo no puede conseguir un buen partido, algunas compañeras del trabajo que me caen mal, algunas amigas que me caen mal, mis mejores amigas que me caen mal…. Me fui quedando dormida… hasta… que… al otro… día… ¡Desperté!

    Siento las sábanas rozarse contra mi cuerpo, algo desnudo. No otra vez –pensé- y me levanté de un salto de la cama. ¿¡Qué es esto!? Tengo… ahhh… que alivio, ahí estas Penélope (a quien de cariño le digo Pene), todo ha vuelto a la normalidad.

    Inmediatamente eructé con todo mi ser, me rasqué la entrepierna y pasé a olerme los dedos… ahhh… qué bien, ¡soy hombre de nuevo!

Fotografìa: Laura Alpízar
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