Si Usted Fuera el Jefe

  • Es posible que a veces ir a trabajar se vuelva un poco aburrido. Las mentes ociosas de trabajadores bien capacitados no encuentran nada mejor en qué ocuparse que imaginarse cómo sería la oficina si le quitáramos una o dos cucharadas de realidad y pasara algo bien, pero bien ¡raro!

    Como dijo alguien por ahí: “es realizable y lo vamos a hacer”.

    Por ejemplo, hágase a la idea de que un día se gana la lotería. Pero la lotería en serio, la de Inglaterra o algún país que suene que dan mucha plata. Si no le da la imaginación porque nunca ha sacado nada ni en una raspadita digamos, entonces que recibió una herencia de su tía. La tía desconocida y loca.

    Ahora bueno, digamos que no hace lo normal, lo que un buen maicero hubiera hecho comúnmente sería ir a comprarse el súper carro carísimo y la súper casa. Usted decide invertir en la bolsa de valores o en alguna de esas varas, y se compra el cincuenta y pico de las acciones de la empresa en la que trabaja. De nuevo, olvidándonos de lo que uno comúnmente haría, no ha renunciado ni le ha recordado la mamá al patrón.

    De repente, se da cuenta de que es el jefe de todo mundo, aun así quiere seguir yendo a bretear. Un poco por el compromiso y el amor a lo que hace, pero realmente porque sería buenísimo ir al trabajo sin restricciones de nada y hacer todo lo que le dé la gana.

    Llega el primer día, sobra decir que llega como a medio día y de goma porque con la cantidad mencionada cualquiera se va a tomar unas cervecitas (la verdad no mencioné la cantidad pero hágase de cuenta que es mucha mucha plata). Con aquel gomón se mete con la mayor de las malacrianzas pateando la puerta o las sillas cercanas y grita bien duro, para que el jefe pueda oír, que hoy no tiene ganas de hacer nada y que va a pasar todo el día bajando videos y chateando. Hasta ahora la única diferencia para algunos es la parte de patear sillas, pero esa es otra historia.

    Después, se va para la oficina del jefe y le comunica su nuevo estatus de casi dueño de la empresa (“casi” porque compró el 51% de la empresa como había visto que hacen en las películas). Con los papeles en el clásico folder amarillo debajo del sobaco, se saborea viendo al mae poniéndose rojo mientras hipócritamente lo felicita y le chupa las… medias previendo su despido y acordándose de las horas extra sin pagar y de los feriados en que lo hizo ir a bretear.

  • Ahora sí, a regar envidia entre los compañeros. De inmediato les cuenta que ha estado invirtiendo y que ahora es accionista importante en la empresa (suena más bonito que decir que de guaba se ganó la herencia millonaria). Mientras los compas están que se los lleva candanga, no pueden creer que semejante pelado ahora tenga plata y ellos no, y usted va notando que las dos que tres compañeras que siempre le parecieron buenonas se le acercan cariñosamente. Seguramente, por la autoconfianza que demuestra ahora, o claro está, puede ser solo por su dinero.

    Ya que es el centro de atención, y tiene más amigos que un billete de diez mil mal puesto, empieza a recibir las sugerencias de cambios que los compañeros quieren hacer en la empresa. Parece Santa Claus por estar recibiendo peticiones y también, porque tiene sentadas a las compañeras en los regazos.

    Primero, lo primero. Todos están de acuerdo en que se pueda ir a trabajar como quieran, sin ninguna restricción de vestimenta o hasta sin vestimenta. Luego de pensarlo un rato rechaza la petición, porque con la plata que tiene, las compañeras que quiere ver en paños menores no son de mucho rogar. Además, si deja ir a todos sin ropa ese mar de estrías y celulitis es una imagen que lo puede dejar a tan traumado, que ni dos Freud lo curan.

    La segunda petición es que si pueden hacer descansos de 3 horas, llegar a la una de la tarde y jalar a las cuatro. Bueno, la idea le cuadra hasta que el departamento de finanzas le explica que si no trabajan, no gana plata y pierde lo invertido. Ahí ya la chancha torció el rabo. ¿Cómo arriesgar su dinero por estos proletarios vagabundos?

    Por otro lado todos proponen que deberían ser jefes de un área en específico (ninguno sabe cuál, pero es lo de menos), hasta un mae quiere ser el encargado de inventar las nuevas áreas que se ocupan para poner a todos de jefes. Usted los ve a la cara, a todos y un cabo de pan blanco con mantequilla tiene más pinta de jefe que ellos. ¡Qué güevones esos! Piensan que todo mundo tiene la calidad que usted tiene para dirigir una gran compañía.

    Finalmente, todos proponen gastar toda la harina de la empresa en juegos, piscina y cuanta tontera sólo a usted se le había ocurrido… pero para ¡su choza! y no para este montón de muertos de hambre (ya usted no es muerto de hambre, ni siquiera un ex muerto de hambre, cuando se tiene plata se pasa a ser “nuevo rico”).

    Repasando la cantidad de barrabasadas de sus compañeros y las suyas propias, las desecha una por una. Se da cuenta de que la empresa camina bien como va y que usted no puede hacer todo lo que siempre quiso, porque ahora es su plata la que se va a perder cuando todo salga mal. ¡Qué pelada! Ahora, descubrió que usted es tan jefe como neurocirujano (si usted es neurocirujano, dos cosas: cambie la palabra neurocirujano por una vara de la que usted no sepa nada, y dos: ojalá, no esté leyendo esto en el trabajo). No da la talla y es mejor dejar que los que saben hagan la plata y disfrutar de su golpe de suerte, que la verdad es lo tuanis. Sale de la empresa dejando su puesto y deja a su antiguo jefe dirigiendo y usted hace, lo que de por sí, quería hacer. Va y se compra un Hummer y le pone aros de colores y neón hasta por dentro de las llantas. Además, le acondiciona una discomóvil en forma de radio de carro y se compra una sarta de cadenas de oro y un chozón.

    Lecciones aprendidas:
    • No todo mundo sirve para jefe, pero con plata por lo menos se puede intentarlo.
    • Sus compañeras imaginarias son bien facilonas.
    • Hay que comprar más lotería o averiguar si tenemos un familiar secreto. (Nota: no me hago responsable si averiguando esto les sale que tiene otro tipo de familiar secreto y les clavan una pensión alimenticia)

    Bueno, no hay muchas lecciones aprendidas porque la verdad que el artículo no tenía ningún fin educativo. Otra lección, puede ser que nunca espere aprender mucho de un artículo acerca de lo que nos imaginamos cuando no queremos bretear.

Ilustración: Alonso Lopez
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