Si yo tuviera que definir mi vida sería de lucha, desde la concepción.
Patricia en la Fuerza Roja
Patricia es taxista pero también toca guitarra y sabe cantar. Siempre ha tenido claro que para obtener cosas y alcanzar metas es necesario trabajar muy en serio por ellas. A pesar de no haberla tenido fácil, ha aprendido que ya sea para manejar la vida o un taxi hay que agarrarse duro del volante y meter los cambios con determinación. Muy sonriente se sentó a conversar con nosotros y nos contó detalles de su vida.
¿Cuántos años tiene?
Tengo 35 años.
¿De dónde es?
Soy de Guadalupe.
Cuéntennos un poco sobre su familia
Provengo de un hogar disfuncional. Mi mamá enviudó cuando yo aún era muy joven. Soy la menor de 4 hermanos, la única mujer y no así la chineada, sino todo lo contrario.
Cuando estaba pequeña veía a mi mamá como un modelo de persona muy femenina, ama de casa y además, machista. Yo soy todo lo contrario. No soy femenina, no soy ama de casa ni soy machista. Sin embargo, aprendí a lavar, cocinar y planchar a los 4 ó 5 años aproximadamente.
¿Qué recuerdos tiene de su adolescencia?
Bueno, cuando era pequeña fui al programa de Chungaleta y me gané una bici. ¡Con esa bicicleta hice estragos! Dos veces me fueron a buscar con policía y patrullas… es que yo quería conocer el Zurquí ¡cuando tenía 10 años!
Cuando estaba más grandecita, me encantaba el fútbol pero en los años 70 que una mujer jugara fútbol estaba muy mal visto. Tuve la oportunidad de empezar el primer equipo de fútbol femenino pero surgieron trabas y no pudo concretarse.
Yo me salí del colegio aunque solo me faltaba matemática de pasar. Es que cuando llegué donde mi mamá y le dije que me había quedado, ella dijo que era mejor que empezara a trabajar.
¿A qué edad empezó a trabajar?
Cuando tenía 18 años. Las cosas en casa con mi mamá se complicaron entonces decidí hacer mi vida. Me fui de la casa y toda esa experiencia me ayudó a madurar. Mi primer trabajo fue en Botica Francesa. Hasta que me jalé una torta y me despidieron. Con la liquidación pagué un cuarto en una portería en Heredia. Encontré trabajo en una empresa en San Antonio de Belén acomodando chips y cositos de computadora. La vida era dura, a veces comía a veces no. Caminaba de San Antonio de Belén a Heredia pues no tenía plata para pases. A veces era elegir entre agarrar un bus a las 10 de la noche o comprarme un bollo de pan. Yo viví lo que es dormir en la calle o buscar refugio en un carro abandonado. A pesar de eso, nunca me he drogado ni he hecho nada ilícito.
¿No pensó en buscar otro trabajo?
Pues para ese entonces alguien me ofreció un carro para piratear medio tiempo. Pirateando, por casualidad, conocí al dueño del bar La Puerta de Alcalá. Nos hicimos amigos y a los quince días de conocernos me ofreció trabajo con ellos como chofer y hacer los servicios para el negocio. El único requisito que me pidió es que yo supiera asar pollos. Yo dije que era mi especialidad, aunque en realidad no sabía nada de eso.
-risas-
Pero bueno, ahí aprendí a asar pollos. En la Puerta de Alcalá yo era zoyla; a veces estaba en el bar haciendo tragos, a veces abajo recibiendo gente o sino de chofer.
¿Tiene algún recuerdo en particular de ese lugar?
Bueno, yo aprendí a tocar guitarra a los 12 años. En La Puerta de Alcalá un día conecté el amplificador a la guitarra y empecé a cantar. Según yo no había nadie, pero en eso llegaron los músicos que tocaban ahí normalmente y me escucharon. Les encantó. Me propusieron entonces hacer presentaciones en vivo en el local. Acepté y ahí nacieron los Miércoles de Trova con Patri, pues ese día era el único espacio donde no había música en vivo. Aparte de los 15 mil colones que me ganaba en mis labores de zoyla, recibía dinero extra por cuidar carros y además por tocar guitarra y cantar.
¿Cuándo empezó a taxear?
Después de La Puerta de Alcalá, trabajé en una distribuidora de ropa americana. Ahí conocí prácticamente todo el país porque tenía que manejar camiones de entrampado y repartir pacas de ropa. En ese entonces, por cosas del destino mi mamá se compró un taxi. Por un tiempo ese taxi lo manejó mi hermano, pero después cuando mi mamá y yo nos contentamos me pidió ayuda. Yo acepté manejárselo y trabajaba muchísimo, a veces doble jornada y de manera compulsiva.
¿Cuántos años tiene taxeando?
Creo que ya son como nueve años.
¿Qué es lo mejor y lo peor que ha vivido con el taxi?
De las cosas más bonitas que me han pasado en el taxi es darme cuenta de que la mayoría de gente es buena, al contrario de lo que la gente piensa. La mayor parte de la gente es buena. Lo peor han sido los sustos.
¿Le costó mucho llegar a conocer toques para taxear?
Recuerden que yo fui agente de ventas, entonces conozco este país más de lo que conozco la palma de mi mano. Sí me asustaba mucho el hecho de que el gremio del taxi es muy machista. Son unos pocos que son insoportables. Mis compañeros de Alfaro, la mayoría son muy buenos y he tenido gran aceptación tanto por ellos como por otras personas. Yo sé que fui una de las primeras mujeres en tomar el volante y de mujeres que trabajan de noche una de las pocas. Yo manejo sábados para amanecer domingo. Y es bastante peligroso.
¿Y los sustos?
Recuerdo una vez que iba para Alajuelita-Bello Horizonte. Esos días donde uno ve que no sale la cuota del día ni para la gasolina. En eso me paran dos hombres, se monta uno adelante y otro atrás. Yo en mis adentros iba pensando que hasta ahí llegaba porque íbamos subiendo una cuesta y el tipo que iba sentado atrás le decía al de adelante ‘qué mae, ¿le damos aquí?’ y el de adelante le respondía ‘no no más arribita’. Al tercer toque y que dice ‘¿qué? ¿le damos de una vez?’ entonces yo pegué un frenazo que casi los dejo estampados en el vidrio y les grité ‘¿qué es el asunto de que aquí o más arriba a ver? ¿Qué es? ¡De una vez!’ y me bajé del carro bravísima. Se quedaron viendo asustados y me dijeron ‘no no tranquila tranquila es que aquí andamos un pollito asado entonces era que si le dábamos aquí o más arriba’.
-risas-
Esa es cómica. Pero también hay feas, como la del asalto. Una vez en El Pueblo monté a un colombiano y a un tico a las 6 de la mañana. El colombiano iba atrás y el tico adelante. Venían conversando conmigo como si nada. En eso el de atrás le dijo al de adelante ‘¿qué? ¿Nos vamos a volver aquí mismo o no?’ el de adelante estaba borracho y como que no respondía. Pero le dijo ‘haga usted lo que quiera’. Yo no entendía. Cuando el de adelante se baja, el de atrás me agarra contra el asiento y me dice ‘eche eche lo que anda’. Traté de aprovechar el estado de la conversación que traíamos para de cierta manera darle la oportunidad de que parara lo que hacía. Yo le decía ‘tranquilo padre tranquilo’. ‘Ni mierda estúpida ¡esto es un asalto!’ y me pega un golpe. Me pide las llaves. Yo pensé en quitar las llaves y salir corriendo, así no podían llevarse el carro. Donde voy a quitar las llaves, él me pega otro manazo y él las quita. Mientras el me sostiene fuerte lo que yo acato es quitar la mano para salir en carrera. Solo recuerdo que salí corriendo, en ese momento veo un compañero taxista y digo ‘¡me están asaltando!’. El taxista para y agarra al asaltante que -yo no sabía porqué- tenía sangre chorreando en la cara, le pega dos patadas y lo deja tirado. Yo agarro las llaves y me voy en el carro. Iba manejando rapidísimo y super nerviosa y la mano se me hinchó muchísimo. Me estaba costando manejar entonces me fui al Calderón para que me vieran.
En el Hospital al rato me llama el doctor y me enseña la radiografía. Resulta que lo que había pasado es que cuando quité el brazo le pegué al asaltante en la boca y su diente se quedó metido en mi mano. Ahí mismo me lo sacaron y me curaron, pero por eso tengo una cicatriz acá.
¿Cómo regresó a los estudios?
Hace año y medio masomenos me fui a vivir donde una señora que siempre me dio apoyo y ayuda, desde que yo era una niña, Francisca Corrales. A los 15 días de estar ahí me dio un ultimátum y me dijo que tenia que estudiar y sacar matemática que era lo que aún debía para bachillerato. Tenía que cerrar ese episodio. Ella me aconsejó e impulsó y entonces empecé a estudiar después de 18 años de no tocar un cuaderno. Pasé el examen. Como me sentí tan motivada, un día pasé a una Universidad de las que llaman de Garaje, aunque para mí no existen Universidades de Garaje, lo que hay son estudiantes de Garaje. Me metí ahí a estudiar Enseñanza de la Música y ya tengo un año de carrera. En este momento lo único que me interesa en la vida es sacar mi profesión. No quiero ser agente de ventas, no quiero ser bartender, no quiero trabajar en empresas, ya no quiero ser taxista. Quiero ser profesora de música. Estoy evaluando la posibilidad de sacar una licenciatura en administración educativa.
¿Quién sería el pasajero más raro que ha llevado en el taxi?
Mirá, nunca se me va a olvidar un hombre que recogí en el Parque Central. Ahí siempre hay fila y va saliendo en orden y yo veía que él esperaba y esperaba que la fila avanzara. Cuando llegó mi turno el señor se montó en el taxi. Tenía una camisa de cuadros, jeans, botas, bigote. De verdad se veía muy varonil. Me dijo con voz fuerte ‘lléveme a San Pedro de Montes de Oca’. Yo no había avanzado 200 metros cuando se emplumó por completo. Se puso a llorar y decía ‘no lo puedo olvidaaaar no puedooo’ y así lo llevé llorando hasta San Pedro. Ni siquiera me contó qué le pasaba, solo lloraba.
Otra vez, que llevé a una muchacha que decía que ella era un ángel y que había llegado ahí porque me estaba favoreciendo. Yo le dije ‘bueno, entonces ocupo un milagro pero ya’, ‘no eso así no funciona’ me respondía ella.
-risas-
En realidad he topado con todo tipo de gente.
¿Cosas que hayan dejado olvidadas en el taxi?
Celulares, billeteras pero nada así fuera de lo normal.
¿Alguna anécdota en particular?
Sí, una vez en Sabanilla que un paisita me hizo parada y me pidió que lo ayudara porque una señora iba a dar a luz. Yo andaba un carro grande, durísimo de dirección y ella se acostó en el asiento y me decía ‘¡lléveme al hospital por favor!’. Yo salgo en carrera con luces de emergencia por el carril contrario porque había una presa horrible. Iba pitando como loca, corriendo. El tráfico me paró en la rotonda pero yo le hice ‘adiós’ y él se me puso al corte, yo iba rayando. Ahí por Barrio Escalante el tráfico entendió que es que era una emergencia. Cuando yo llegué al hospital, no me acuerdo si puse la maría no me acuerdo si cobré. Yo agarré a la señora, dejé la puerta abierta y todo. Fue un momento de mucha tensión pero cuando salí del hospital sabiendo que la estaban atendiendo me sentí feliz.
¿Ha tenido que presenciar asuntos de parejillas?
Una vez se montó una pareja que venían agarrados del moño. Se gritaban. En un momento que él se bajó al cajero ella me decía ‘a este hijueputa ya no lo soporto es un desgraciado’ yo aconsejándole como la más linda, la más sicóloga ‘mamita no se deje si es machista mejor déjelo’. Por cuestiones de la vida, como al mes los vuelvo a montar al taxi. Y ellos muertos de risa ‘¿se acuerda cuando nos llevó que nos íbamos peleando?’
Cuando se han montado parejas que van a un motel, yo corro antes de que se arrepientan. Porque hay adicional aparte de la carrera.
¿Qué tan cierto es el mito de la fuerza roja?
Es ciertísimo. Es un gremio muy envidioso, muy complicado, de gente muy problemática pero increíblemente solidario. No sé si será por la misma emoción de ser tomado en cuenta, de hacer algo importante y diferente por alguien. Una vez en Tibás a mí se me estalló una llanta, me parqueé y me bajé a cambiarla. El señor que iba de pasajero se bajó a acompañarme y donde yo empecé a aflojar las tuercas el señor me dijo que volviera a ver atrás. Venía un carro con las luces apagadas y muy sospechoso. Yo me quedé viéndolos, agarré el radio y pedí ayuda. Pasó menos de un minuto antes de que llegara el primer compañero taxista. Era una locura, en cinco minutos eran como 40 taxis ahí. De Alfaro, de Coopeguaria… bueno. Me cambiaron la llanta y espantaron a los tipos. Ellos le llaman Piñata a esas situaciones, cuando un compañero pide ayuda porque lo van a asaltar. Piñata porque todo el mundo le da al maleante.
¿Cómo se lleva con los taxistas piratas?
La mayoría de taxistas se los pasan comiendo, porque sienten que les están quitando el pan. Yo no lo veo así, pero muchos sí. No los quieren para nada y siempre están diciendo que ojalá que los quiten. El taxista siempre quiere más, como cualquier negocio.
¿Cuáles códigos o claves usan por el radio?
Algunos, los que recuerdo ahorita son:
60- casa
40- prostituta
35- loco
48s- tráficos u operativo. También dicen ‘están pidiendo autógrafos en tal parte’
Doble 3 – tiempo
10 54 – asalto
21 – llamada o teléfono
Cuando uno para un taxi y le dicen ‘es que voy con llamada’, ¿es verdad o pura trama?
Los famosos lagartos son los que hacen eso. Los que no quieren perderse ni una, o sea, que van con llamada pero si la persona que los para va por donde ellos van, entonces lo llevan.
¿Le han tocado viajes largos?
Si, uno a la frontera con Nicaragua. Un muchacho que se le murió un familiar y me preguntó que cuánto le cobraba. Y de una vez le llegamos.
¿Algún consejo que quiera darnos?
Nunca se le den a la fuga a un taxi si lo chocan. Es el peor error que puede cometer.
Patricia no perdió tiempo ni oportunidad para compartir una de sus pasiones con nosotros: el canto. La guitarra que había estado junto a ella durante toda la entrevista entonces cobró vida en sus manos y nos regaló un par de canciones.


2009/02/10 | Ninja Gaiden