Hotel Rosado Embrujado

  • Leyendas hay muchas. Desde pequeños somos asustados por la Cegua, la Tulevieja, el Cadejos… un sin número de cuentos (que muchos no creen que sean tan cuentos) pero nunca nadie antes había hablado del Hotel Embrujado.

    Construido en 1920, el Hotel Gestoria Irazu, se encuentra en las faldas del volcán Iraza, en el pueblo de San Juán de Chicuá. Su característico color rosado es una extraña manera de confundir a los turistas, puesto que nunca nadie pensaría que tan delicado color sería parte de tan temible recuerdo.

    Un sábado en la noche un grupo gente de ventitantos decidió arriesgarse a visitar y hospedarse (del verbo quedarse a dormir) una noche en el Hotel Embrujado. Eran pasadas las 6 de la tarde y en la recepción, se encontraba la única persona en el hotel: pequeño y pálido, de unos cincuenta y tantos, quien dijo cuánto era por la noche. En seguida, dio las llaves y procedió a mostrar cada uno de los cuartos. Yacía un extraño olor a azufre y una patética, pero misteriosa, luz alumbraba cada uno de los recintos.

    Era una sensación escalofriante tan si quiera podían pensar en quedarse una sola noche en el lugar, sin embargo ya no había vuelta atrás. Estaban los siete ahí. Siete almas inocentes, quienes no sabían lo que estaba apunto de pasar.

    Encontraron una sala, algo parecido a un lobby de un hotel. Una mesa pequeña y seis sillas colocadas en círculo, alrededor del pequeño mueble. Seis sillas colocadas tal y como Drácula y Frankestein estuvieran teniendo una reunión. Al fondo, lo más espeluznante de todo, un altar con una virgen, la cual estaba posicionada sobre ramas secas, como si fuera a ser quemada en algún momento.

    No se detuvieron a indagar los detalles. En la mesa colocaron sus meriendas (snacks y mucho, mucho alcohol, para mantenerse calientes, ¡obvio!) y decidieron permanecer juntos. En pleno 2009, nadie habría podido imaginar que la verdadera historia del Hotel Embrujado estaría apunto de convertirse en realidad. Poco a poco, en el transcurso de la noche, la comida y las bebidas comenzaron a escasear. Comenzó la paranoia: había que ir al baño. Cruzar la sala, para poder llegar al final del pasillo y entrar al pequeño baño sería la proeza de la noche. Sin embargo, uno a uno concluyó con la tarea. Las voces, los ruidos y gritos a la distancia acompañaron a los visitantes en la travesía bañal. Al regreso en la sala, se les notaba la cara pálida, como si… como si… ¡sí! Como si hubiera visto o escuchado un fantasma.

  • El lobby mantenía en una de sus paredes un reloj de péndulo. Conforme avanzaba la noche, el ambiente se notaba más y más tenso. Sin que nadie lo pensara, sonó: TAN, TAN, TAN, las tres de la mañana. El grupo de amigos, ya no eran amigos, sino enemigos. Dicen que los demonios salen a las tres de la madrugada de sus recintos y se apoderan de las almas inocentes que andan en busca del peligro. Era la leyenda, de las tres de la mañana tornándose en realidad. Sonaban las puertas abriéndose y cerrándose sin razón alguna y por cinco segundos se fue la luz. Al regresar, dos de los siete, ya no estaban en la sala. ¿A dónde pudieron haber ido? Nadie lo supo. Llantos a lo lejos, los gritos, el mugido de vacas en pena. Todo el ambiente era propenso para salir huyendo de ahí. Nadie quería dormir.

    Un apagón momentáneo volvió a ocurrir y nuevamente los seis estaban en la sala, pero ¿cómo? Ellos alegaron nunca haberse marchado.

    Se podía distinguir un olor a quemado. Era el altar. El altar en llamas, la virgen en llamas, estaba apunto de amanecer. Gritos y desesperación en el grupo de compas que ya no eran tan valientes como al principio los desolaron.

    Corrieron a sus cuartos. Notaron que no existía el número 13, ¿por qué? Saltaba del 12 al 14. Intentaron dormir, todos en una misma habitación. Imposible. Tensión, medio, desesperación era lo único que sentían.

    A las siete de la mañana, cuando supuestamente el sol comenzara a calentar, optaron por partir. Llegaron a la recepción. El mismo pálido y viejo, con la misma vestimenta del día anterior.

    -¿Durmieron bien?
    -Sí- respondieron todo al unísono.
    -Pues qué bien – dijo el recepcionista, sin la mayor expresividad.
    -¿Qué eran los gritos que escuchamos en la noche?- Pregunto uno, el más valiente.
    -Yo.
    -¿Usted?
    -Sí, yo… yo… yo estoy muerto.

    La versión oficial, es que no existe una versión oficial. Sí fue un grupo de amigos al hotel, pero más allá de sentir mucho frío y de pelearse todos inexplicablemente a las 3 de la mañana, no hubo ningún evento sobrenatural verificable. La misteriosa omisión de la habitación numero 13 y los extraños sonidos que supuestamente se escuchaban en el baño fueron alimento para la imaginación. Algunos no se inmutaron y mas bien esperaban que se viera algo, mientras que otros pusieron cara de valientes pero dificilmente se movieron de su silla.

    Aunque no esté cientificamente comprobado que el lugar esté realmente embrujado, este hotel es una buena opción para pasar un fin de semana con un grupo de amigos. Hay habitaciones de entre 2 y 5 personas y sale a 5000 colones por persona la estadía. Recomendamos que lleve cobijas extra, buenos abrigos, y comida porque el restaurante cierra temprano.

Fotografía: Victor Da Luz
comentarios
Debe loggearse para comentar.