Soy Geek ¿Y Qué?

  • Peyorativamente endilgado a cualquier persona cuyo conocimiento de tecnología va mas allá de cambiarle el Wallpaper a la compu del trabajo. Inherentemente ligado a la disfuncionalidad social, a los anteojos de pasta gruesa reparados con tape, a figuras de Star Wars adornando el cuarto y a juegos clandestinos de Dungeons and Dragons. Desde La Venganza de los Nerds hasta The IT Crowd, los estereotipos no han cambiado mucho.

    Soy un geek, pero en mis propios términos. Nunca jugué Magic, no veo animé, no me gusta el Cosplay, no me gusta escribir en |337, no colecciono parafernalia de ninguna película, comic o serie de televisión. Puedo en cambio recordar de memoria todas las configuraciones de las computadoras que he tenido a lo largo de mi vida, desde la AT 286 con adaptador CGA de 4 colores que tuve a los 7 años. Maldita sea, recuerdo hasta la mayoría de las de mis amigos.

    Cuando sitios como newegg, zipzoomfly, tigerdirect, tom’s hardware y anandtech son los que llenan los favoritos de cualquier computadora que toque, es un poco más fácil entender porque es como pornografía. Soy adicto a revisar configuraciones, me encanta que la gente me pida ayuda para “armar una comp.”, pero eso si, deben de estar preparados para un cuestionario de 450 preguntas (incluyendo 20 de desarrollo). Discusiones acaloradas acerca de cual procesador o tarjeta de video es mejor son de esperarse, especialmente en el campo de batalla favorito de los geeks, los foros de Internet. Flame wars que pueden durar más que la Segunda Guerra Mundial, han llevado a conflictos de dimensiones que trascienden los confines de la interwebz. Muchachos, recuerden, su Nigromante de nivel 50 no funciona en la vida real.

    Luego de cierto tiempo, es posible habituarse a los pedidos de ayuda de los amigos y especialmente los familiares algo menos adeptos en el área de la tecnología, si bien es cierto algunos tienden a extrapolar esas habilidades a cualquier electrodoméstico…

    -Mae, ocupo su ayuda, viera que el microondas de la choza no me esta breteando bien…

    La decisión restante es bien sea decirle al “compa” que uno le va a revisar el aparato en cuestion, abrir la puerta del susodicho (microondas, no compa), exclamar un confundido “Mjm” y luego decirle “viejo, estas fregado, el capacitor de flujo esta quemado, ocupas un microondas nuevo” esperando que el tipo no se acuerde del DeLorean o bien pasar unos 40 minutos tratando de explicarle que aunque los dos aparatos funcionan con electricidad, tienen sus diferencias.

    Especialmente es frustrante cuando los padres piensan que además de arreglar computadoras o pegarse una programada, uno es capaz de percepción extrasensorial, al menos eso parece cuando por teléfono preguntan si dar mayores detalles “porqué no está sirviendo la impresora?”

    Comunes son también las peticiones de ayuda en compra de cualquier aparatejo que tenga una pantalla o funcione con baterías, ya sea celulares, reproductores de mp3 (de los cuales el 90% de la población cree solo existen los Ipod, si, con la I mayúscula). Lo malo del asunto es que si olvidaron comentar que querían un teléfono que tomara fotos como si fuera una cámara profesional, que tuviera 500 Gigas de memoria y una pantalla de 30”, cualquier recomendación les resulta inútil y corren a comprar el primer ladrillo que les ponga en frente el dependiente del Solo Bueno más cercano porque “ellos si saben”…

    Uno de los rasgos más comunes en el perfil estereotipado de un geek, es su gusto por los videojuegos. En mi caso todo inicio con un Atari 2600 al que pase conectado los primeros años de mi infancia. Incontables horas pasadas jugando Defender, Popeye y Space Patrol, sin olvidar Galaga o Asteroids. Cuando el vecino de la par obtuvo su Nintendo, la casa paso a ser el punto de reunión obligado. Siendo un renegado (not) opté por un Sega Genesis y disfrute de la envidia de quienes tenian que jugar Mortal Kombat sin sangre en su Super NIntendo, Alá bendiga ABACAB (el código, no la canción).

  • El tiempo disponible para los videojuegos se reduce en forma inversamente proporcional a la edad que se tenga. El Playstation llego a mi casa algo tarde. Logre escapar con vida de el boom de WoW (si no sabe que significa, bien por usted, hágase un favor y no lo averigüe) y demás MMORPG’s. Tuve un Xbox cuando ya el 360 asomaba a la vuelta de la esquina. La nueva generación me ha pasado de largo excepto por juegos ocasionales en casa de amigos. Sin embargo no he podido deshacerme de los emuladores, ya sea N64, NEOGEO o SNES, me persiguen, me acosan y me obligan a revivir clásicos abandonados o que la mayoría de los mortales ven como reliquias de tiempos pasados.

    Nunca jugué Dungeons and Dragons, a pesar de que he leído unas 15000 páginas de libros de ese Universo. Solo una vez he visto un juego de D&D en la vida real y me pareció la cosa más arcaica de la historia. Quiéen quiere estar dibujando y llevando estadísticas en papel cuando esta Diablo 2 a un clic de distancia para masacrar demonios y monstruos? Lei los libros del Señor de los Anillos por primera vez a los 13 años, tuve diccionarios Quenya y Blackspeech, la mayoría de quienes me conocen lo hacen por el abreviado de un nickname que me hice para un foro de LOTR, aún mis suegros. Digamos que el street cred de geek sube cuando sin saberlo el papá de mi novia se refiere a mí por una palabra en un idioma inventado por Tolkien…

    Sea porque vivimos en un país no del todo avasallado por la influencia extranjera, el estigma de geek no es una cruz tan grande como lo es en otros lugares. No recuerdo ser golpeado en el colegio (aunque supongo que medir 1.85 m en noveno año ayuda), ni apodos relacionados a ello. Siempre ha sido algo que me ha ayudado. Desde que le armé la compu a mi primer suegra, o le instale una tarjeta de red a mi casera, a la gente que le gusta tener a quien recurrir cuando la tecnología asoma su lado atemorizante. Lo que me hace recordar que hace mucho tiempo debí mandar a traer la camiseta de “No, I won’t fix your computer”. Ironía del destino, ven a mi thinkgeek.com

Ilustración: Eduardo Gonzalez
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