La Vida del Músico en Tiquicia
El glamour, la fama, las y los admiradores, el dinero, la gloria de ser un músico en Tiquicia... eeeeh, no, no lo creo… Contrariamente a lo que más de una persona mal informada pueda pensar, la vida de la gran mayoría de los músicos en este país es todo excepto glamorosa. No es nada raro ver a un chavalo llevando la guitarra al hombro y el ampli en una mano en bus, porque simplemente no hay harina para un taxi. Lo que es más, a mí me tocó ver como uno de mis compas del gremio... jalaba la guitarra y el ampli en bici…sias tan miamosh! Ahí sí perdimos todo el glamour!
Desde luego, como en todas áreas de la vida, hay de todo: siempre existirá el afortunado al que le compran los mejores instrumentos y al que van a llevar y traer en un rav4, pero bueno, al final, Junior termina dejando los instrumentos en el fondo de un ropero después de que pasa la moda. En términos generales, el músico tico lleva las de perder desde que empieza. Obviamente hay excepciones de quienes son simplemente genios de la música desde que nacen y poco o nada los puede detener para alcanzar sus sueños, pero para efectos de este artículo, vamos a excluir esos casos y hablaremos de la gran mayoría de los músicos, es decir, los que tenemos que pulsearla.
Reto #1 La Familia
Estoy seguro que no estoy descubriendo el agua tibia al decir que es normal que las familias (en general, e idealmente…) se preocupan por el bienestar de sus miembros. Esto quiere decir que nuestros padres no tendrán demasiadas objeciones para comprarnos una flauta Yamaha para las clases de música del cole (¿todavía existen?), pero en el momento en que uno le pone el ojo a alguito más “sofis”, digamos una Gibson Les Paul Custom o una batería Tama de dos mil machacantes porque uno dice que “quiere ser músico”, ahí si que se pone fea la vara. Se oyen entonces cosas sumamente motivantes para el músico aspirante, tales como “Ay mijito, pero eso es mucha plata para un hobby”, “no se puede vivir de la música, papito”, etc, etc. Y aunque mencioné los ejemplos de una guitarra o una batería, lo mismo aplica para cualquier otro instrumento (trombones, violines, bajos, contrabajos, cellos, trompetas, timbales, etc) y genero musical (clásica, rock, reggae, salsa, cumbia, merengue, chiqui-chiqui y todo lo demás).
Reto #2 El Grupo
Cuando finalmente, después de 2 años de no jamar para ahorrar y comprar una imitación barata de Fender Stratocaster y un ampli que suena a cucarachero, sigue la parte de empezar a buscar gente de la misma nota que uno para tocar, porque no se va a uno a tirar de solista así nomás. Ese proceso tiene su magia, sin duda alguna, y uno lo llega a recordar con cariño después, pero lo normal es que sea profundamente frustrante en su momento. En el mejor de los casos, se encuentra una banda en la que uno se siente bien y después viene la siguiente etapa. (referirse a bimba-edicion 1 para mayor informacion)
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Reto #3 El Fin de la adolescencia
Los años del cole son indiscutiblemente los mejores para el músico aspirante: cuando los mayores problemas de uno son el bachillerato y conseguir que la persona que le cuadra lo vuelva a ver a uno, la verdad es que uno la tiene fácil (aunque no lo parezca en ese momento) para dedicarse a plenitud a lo que uno le gusta. Todavía me parece estar escuchando a uno de mis compañeros músicos de esos años (cuya identidad voy a proteger para evitarle más de una mofa…) decirme “una vez que pasemos el bachillerato, ensayamos todos los días todo el día, si quiere…” como me reí entonces, y como me río hoy al recordarlo… la verdad de las cosas es que la adolescencia se acaba y hay que enfrentar la dura realidad. En este momento, un altísimo porcentaje de músicos aspirantes desertan para entrar a la “vida seria”, ya sea agarrando un trabajo convencional (porque la música también puede ser un trabajo, lo crean o no…bueno, más un modo de vida que un trabajo) o estudiando (o las 2). Siempre están los que perseveran, pero son la minoría.
Reto #4 La Vida Adulta
Por mucho que nos quieran, nuestros padres no nos van a mantener toda la vida (al menos los míos no…), y hay que hacer algo al respecto. Unos se dedican a tocar géneros de música popular, que pueda venderse para bailes y eventos; otros se dedican a la enseñanza de la música; otros más siguen su propia ruta contra viento y marea; y otros se retiran, solo para emerger de vez en cuando para algún chivo del recuerdo en el que fundamentalmente tocan sólo “covers” los fines de semana, después del brete.
¿Glamour, fama, gloria? ¡Ni hablar! Muchos de los músicos que disque se dedican solo a la música tienen algún “chori” de lado para poder sostenerse. No existe apoyo de disqueras (que ya de por sí eran pocasy ahora con la era digital van camino al panteón), de la radio, de los lugares para tocar, ni de la gente la gente (que siempre preferirá apoyar al extranjero aunque sea un paquetazo) e incluso, lo más doloroso… de los otros músicos, siempre dispuestos a restarle meritos a los demás y a veces serrucharle al piso al que puedan. El medio musical de tiquicia deja mucho, pero muchísimo que desear.
Entonces, ¿Por qué seguir? Aunque no puedo hablar por todos los músicos, muchos de los que siguen en la brecha no lo hacen por el metal (y con esto me refiero al dinero, no al género…) que de por sí suele escasear antes que abundar, sino por el simple amor a la música. Ustedes que están leyendo esto, ya sea que sean músicos o no, tómense un momento para sopesar algunos de los puntos aquí consignados (hay muchísimos más…) y ojala la próxima vez que alguien lo invite a un “chivo” de un artista nacional, no lo piense tanto y se decida a apoyar lo nuestro…no viviríamos como estrellas de rock, pero sería un comienzo… Piz, eehh, no, digo, Peace…

2007/09/25 | Graciela