El Que Se Va Para Limón...
"Bip bip bip...bip bip bip".
Sobresaltado paso mi mano por la mesa de noche hasta ubicar a la culpable de esfumar mi sueño abruptamente. Media hora mas pienso por un momento, pero luego me acuerdo de la misión, y las 3:30 am se torna una hora razonable para penetrar la fría casa y despertar a mis amigos desparramados por diferentes lugares.
"Quien fue el genio que dijo que nos fuéramos a las 3:30?" me reclama una voz perezosa. No respondo porque fui yo. Algunos pasan directo con todo y almohada al carro, empacado la noche anterior, otros nos bañamos para espantar el sueño y las lagañas, y media hora después estamos subiendo el Braulio Carillo.
A esta hora la autopista esta desierta, y aprovecho para pitar y gritar en el túnel. Mis compañeros de viaje no se inmutan mas que un ronquido sobresaltado y un reacomode. Es bonito el Braulio Carrillo a esta hora, no hay furgones lerdos ni se pueden ver las altas paredes que siempre se supone le pueden caer a uno encima y todas esas otras pesadillas que siempre nos advierten los mas precavidos. Pero a esta hora, ni la neblina, ni los derrumbes, ni mis amigos están despiertos.
Una hora después bajamos a la llanura de Santa Clara, y empieza el sinfín de puentes y pueblos en una interminable recta. Toro Amarillo nos recibe de primero. Pasamos Guapiles, Guácimo, la famosa Earth, río Guacimo, río Guacimillo y otras derivaciones del Gua. Cerca de las 4:45 am se empiezan a ver un desfile de camisas casi siempre blancas, sobre bicicletas acostumbradas a llevar a dos pasajeros. Mejor nos movemos un poquito al centro para evitar que cualquier "incidente". Una recta como esta tiende a provocar efectos negativos cuando vengo de regreso a mi casa de las salidas en San José, y me alegro de haberme dormido temprano mientras mis amigos se quedaban hablando la noche anterior.
El sol empieza a iluminar los bananales y los predios, llenos de furgones de diferentes marcas de banano, que anuncian la llegada de la colorida ciudad de Limón. Como todo pueblo portuario, la gente madruga para muchas cosas, y hoy no es la excepción. Pasando el cementerio me trato de aguantar el aire, dicen que es buena suerte aguantarse todo el rato que uno va pasando un cementerio, y el cementerio de Limón es un reto grande! Llegando al cruce hacia Cieneguita, hacemos una parada técnica en una gasolinera. Algunos se "roban" el baño y otros caminan a la frutería de la esquina a robarse un desayunito de la naturaleza.
De aquí en adelante tengo amigos de nuevo, justo cuando el mar aparece a la izquierda de nuestro viaje. La co-pilota, siempre fiel a dormirse todo el camino, cambia la música y algún jamaiquino empieza a corear entre los cocotales y ríos de esteros gigantes. El cielo azulado y el mar apenas tocando la costa nos da una premonición de lo que vendrá. Que saborsh. Estamos en el caribe!

2007/09/25 | Sebas